
Te creí desde siempre,
desde antes que estuvieras en los días,
cuando eras la emoción de un sueño.
Trajiste tu equipaje de raíces
para fijar la vida en nuestro suelo.
Y en tos ojos las noches fueron claras,
y en tus manos el pan amanecía.
Te creí desde siempre y nos creímos
desde antes que los otros nos creyeran.
Los que tasan calculaban el fracaso,
predecían el final y la agonía.
Y alentamos la fe de los que esperan.
Y entibias mi otoño con tus besos
y en tu cuerpo madrugan mis deseos.
*
No sé si antes de tus ojos
el mundo ya existía
o si fue tu mirada la que inició la vida,
pero sé que inauguraste el primer sueño,
los panes en la mesa,
la gracia sencilla de los días.
Sé que tus manos bordaron la pasión,
que en tu cuerpo se abrieron mis caminos
y sé que en ese espacio yo me ajusto
tan ajustadamente
que no queda lugar para el olvido.
Roberto Esmoris