
Acaso nos veremos al otro lado de las cosas
pulverizados por el tiempo y a punto
de entenderlo y olvidarlo todo.
Levantarás como siempre la mano izquierda
con aquél gesto, mitad adiós mitad saludo,
tu seco seño junto en una honda comisura
donde nunca anidó pero rondaba la esperanza.
Caminábamos recuerdo caminábamos
con la incandescencia de la juventud
o de algo, a punto de desaparecer
como el sol árido y breve del altiplano en el invierno,
sol deslumbrante pero incapaz de derretir la nieve.
Y sólo caminábamos para llenar ese sepulcral
silencio de pasos, pues nuestros huesos pesados
de edades, o tal vez simplemente de ordinario
adentrado dolor nos llevaban por los extraviados
caminos en busca de una imagen genuina
un ámbito que nos vertebra de verdades
y caminábamos y caminábamos
como si bajo los pies la tierra obedeciera
a una lucha última
a una laboriosa lectura
de un indiferente polvo a golpe de huellas
porque en cada paso leíamos el vestigio
de un sueño que se acorta
como ese primer día de otoño de otro siglo
en que transcribo lo que supongo una carta
por demás demorada remitida a nosotros,
los de entonces, los casi adolescentes espectros,
desvelados por las voces de lo venidero.
Acaso coincidiremos un día al fin,
No en el camino sino en el ritmo de los pasos
Y nos perderemos luego
Cada uno por su ruta,
Cada uno con su mapa.
Del Libro: "Principio de incertidumbre",
de Jorge Fernández Granados.
pulverizados por el tiempo y a punto
de entenderlo y olvidarlo todo.
Levantarás como siempre la mano izquierda
con aquél gesto, mitad adiós mitad saludo,
tu seco seño junto en una honda comisura
donde nunca anidó pero rondaba la esperanza.
Caminábamos recuerdo caminábamos
con la incandescencia de la juventud
o de algo, a punto de desaparecer
como el sol árido y breve del altiplano en el invierno,
sol deslumbrante pero incapaz de derretir la nieve.
Y sólo caminábamos para llenar ese sepulcral
silencio de pasos, pues nuestros huesos pesados
de edades, o tal vez simplemente de ordinario
adentrado dolor nos llevaban por los extraviados
caminos en busca de una imagen genuina
un ámbito que nos vertebra de verdades
y caminábamos y caminábamos
como si bajo los pies la tierra obedeciera
a una lucha última
a una laboriosa lectura
de un indiferente polvo a golpe de huellas
porque en cada paso leíamos el vestigio
de un sueño que se acorta
como ese primer día de otoño de otro siglo
en que transcribo lo que supongo una carta
por demás demorada remitida a nosotros,
los de entonces, los casi adolescentes espectros,
desvelados por las voces de lo venidero.
Acaso coincidiremos un día al fin,
No en el camino sino en el ritmo de los pasos
Y nos perderemos luego
Cada uno por su ruta,
Cada uno con su mapa.
Del Libro: "Principio de incertidumbre",
de Jorge Fernández Granados.













