
VIII
Por fortuna me ha tocado estar contigo.
Por azares has venido a ocuparte de mis cosas,
a meterte en ellas como si fueras aire
que todo lo acaricia y lo revuelve.
Has venido a habitar en esta casa
y a darme una canción por las mañanas
que dura todo el día.
Has venido también
a poner todas las cosas en el sitio
que no les corresponde
pero que mejor les acomoda.
Y finalmente has venido
a darme las palabras
que pongo en el poema.
XIV
Por qué te amo me preguntas
y nada sé decirte en ese instante,
pero una certeza tengo cuando miro
tu cuerpo, mar revuelto por mis manos.
Ahí soy náufrago y plegaria,
ahí, claro sobre oscuro, nuestro encuentro.
Y tú me salvas con saberme cosa tuya,
es tu respiración la que me dicta éstas palabras.
Te amo porque todos los días
la marea, carne embravecida,
inicia el juego de los dos cuerpos contrarios.
En cada gesto tú adivinas mi deseo,
en cada ademán yo te anuncio la batalla.
Te amo como si todavía
nos estuviera prohibido estar a solas
y nos buscamos con la luz
de la tarde que no ha muerto.
Hallamos nuevo cada espacio recorrido,
cada beso inaugura el mundo.
Tú habitas el otro lado de las cosas,
de ese otro lado traes el fuego que me templa,
su quemadura es la verdad de lo intangible,
es el dolor del alma de mis huesos,
es caricia que no podemos decir,
y sin embargo
nos da nombres nunca pronunciados.
Por fortuna me ha tocado estar contigo.
Por azares has venido a ocuparte de mis cosas,
a meterte en ellas como si fueras aire
que todo lo acaricia y lo revuelve.
Has venido a habitar en esta casa
y a darme una canción por las mañanas
que dura todo el día.
Has venido también
a poner todas las cosas en el sitio
que no les corresponde
pero que mejor les acomoda.
Y finalmente has venido
a darme las palabras
que pongo en el poema.
XIV
Por qué te amo me preguntas
y nada sé decirte en ese instante,
pero una certeza tengo cuando miro
tu cuerpo, mar revuelto por mis manos.
Ahí soy náufrago y plegaria,
ahí, claro sobre oscuro, nuestro encuentro.
Y tú me salvas con saberme cosa tuya,
es tu respiración la que me dicta éstas palabras.
Te amo porque todos los días
la marea, carne embravecida,
inicia el juego de los dos cuerpos contrarios.
En cada gesto tú adivinas mi deseo,
en cada ademán yo te anuncio la batalla.
Te amo como si todavía
nos estuviera prohibido estar a solas
y nos buscamos con la luz
de la tarde que no ha muerto.
Hallamos nuevo cada espacio recorrido,
cada beso inaugura el mundo.
Tú habitas el otro lado de las cosas,
de ese otro lado traes el fuego que me templa,
su quemadura es la verdad de lo intangible,
es el dolor del alma de mis huesos,
es caricia que no podemos decir,
y sin embargo
nos da nombres nunca pronunciados.



