miércoles 10 de junio de 2009

De Médicos




En el sucio rincón de una taberna
fría y desmantelada,
semejante a una lóbrega caverna,
Jorge, mi más antiguo camarada,
una noche lluviosa nos decía
furioso, hecho una sopa:
"Tres meses ha que a la adorada mía
le juré no tomarme ni una copa.
Ella, en cambio, postrándose de hinojos,
con un amor profundo,
juróme por la niña de sus ojos
serme fiel y constante en este mundo.
Y esta noche, ¡Dios mío!, en qué premura
me he visto y en qué potro;
esa mujer a quien soñé tan pura
la encontré besándose con otro.
Mas no importa; vosotros, compañeros,
que sabéis que yo pago
la infancia como pocos caballeros,
mi juramento cumpliré: ¡ni un trago!
Y al decir esto, por su pestaña rubia
bailó una gota clara,
una gota que luego fue una lluvia
que rodó largo tiempo por su cara.
Y era verdad, en más de treinta días
no habíamos logrado
en todas nuestras bellas alegrías
hacer beber al noble enamorado.
Mas de pronto el buen Jorge irguióse altivo,
dióse un golpe en la frente
y exclamó a su pesar: "¡Para qué vivo!
Si ella mintió... ¡Salud! ¡Dadme aguardiente!
La copa alzó, brindó por el dios Baco,
lanzó una carcajada...
Y rodó por el suelo como un saco,
rígido y mustio el joven camarada.
Grande fue la sorpresa...; en un momento
estuvo en nuestros brazos;
al ver tal expresión de sentimiento
en aquel corazón hecho pedazos,
"Un médico", gritamos; por ventura
un médico pasaba,entró, tocóle el pulso con premura
y, en tanto que a su faz ínfulas daba,
exclamó alegremente:
"Esto no es nada.Nada... ¡Pobre muchacho!
Que le traigan café mientras reposa
y lo dejen dormir. ¡Está borracho!".


Julio Flórez Rea (1867-1923).




Le aserraron el cráneo;
le estrujaron los sesos,
y el corazón ya frío
le arrancaron del pecho.
Todo lo examinaron
los oficiales médicos
mas no hallaron la causa
de la muerte de Pedro;
de aquel soñador pálido
que escribió tantos versos,
como el espacio azules
y como el mar acerbos.
¡Oíd! Cuando yo muera,
cuando sucumba, ¡oh, médicos!
ni me aserréis el cráneo
ni me estrujéis los sesos,
ni el corazón ya frío
me arrebatéis del pecho,
que jamás hasta el alma,
llegó vuestro escalpelo.
Y mi mal es el mismo,
es el mismo de Pedro;
de aquel soñador pálido
que escribió tantos versos,
y como el espacio azules
y como el mar acerbos.



Pedro Bonifacio Palacios (1854-1917).






Viendo a Garrik -actor de la Inglaterra-

el pueblo al aplaudirlo le decía:

"Eres el más gracioso de la tierra,

y más feliz..."Y el cómico reía

víctimas del spleen, los altos lores

en sus noches más negras y pesadas,

iban a ver al rey de los actores,

y cambiaban su spleen en carcajadas.

Una vez, ante un médico famoso,

llegóse un hombre de mirar sombrío:

-Sufro -le dijo-, un mal tan espantoso

como esta palidez del rostro mío.

Nada me causa encanto ni atractivo;

No me importan mi nombre ni mi suerte;

en un eterno spleen muriendo vivo,

y es mi única pasión la de la muerte.

- Viajad y os distraeréis.

- ¡Tanto he viajado!

- Las lecturas buscad.

- ¡Tanto he leído!

- Que os ame una mujer.

- ¡Si soy amado!

- Un título adquirid.

-¡Noble he nacido!

- ¿Pobre seréis quizá?

- Tengo riquezas.

- ¿De lisonjas gustáis?

- Mis tristezas.

- ¿Vais a los cementerios?

- Mucho... mucho...

- De vuestra vida actual ¿tenéis testigos?

- Sí, mas no dejo que me impongan yugos:

Yo les llamo a los muertos mis amigos;

Y les llamo a los vivos, mis verdugos.

Me deja -agrega el médico

- perplejo vuestro mal, y no debe acobardaros;

Tomad hoy por receta este consejo

"Sólo viendo a Garrik podréis curaros".

- ¿A Garrik?

Sí, a Garrik... La más remisa

y austera sociedad le busca ansiosa;

todo aquel que lo ve muere de risa;

¡Tiene una gracia artística asombrosa!

- ¿Y a mí me hará reir?

- ¡Ah! sí, os lo juro;

El sí; nada más él;

más... ; ¿qué os inquieta?

- Así -dijo el enfermo-, no me curo:

¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta.. . .

¡Cuántos hay que, cansados de la vida,

enfermos de pesar, muertos de tedio,

hacen reir como el actor suicida,

sin encontrar para su mal remedio!

¡Ay! ¡Cuántas veces al reir se llora!

¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,

porque en los seres que el dolor devora

el alma llora cuendo el rostro ríe!

Si se muere la fe, si huye la calma,

si sólo abrojos nuestra planta pisa,

lanza a la faz la tempestad del alma

un relámpago triste: la sonrisa.

El carnaval del mundo engaña tanto,

que las vidas son breves mascaradas;

aqui aprendemos a reír con llanto,

y también a llorar con carcajadas.


Juan de Dios Peza (1852-1910).


Corazón contesta,

¿por que palpitas?

¡di!¿por que palpitas?.

¿Aun no te has enterado

que mi caudal sanguíneo

ha sido desviado

de la yugular al suelo?.

Deja ese trabajo inútil,

ya que nunca podrás ser

una bomba de vacío,

¡abandona¡.

¿Por que te emperras

y sigues insistiendo

con tu latir arrítmico

y descompasado?.

El tío de la funeraria

se va a cabrear

como le sigas haciendo

esperar su momento.

Corta el rollo corazón,

nada te queda que bombear,

acabemos de una vez

y tengamos la fiesta en paz.

Los llantos nos aguardan

no seamos descorteses,

da tu última pulsación,

te apuesto unos gusanos con pedigrí

a que será una diástole.


OREL (Antonio J. Vicente Gil) (1952-?).


Harto ya de alabar tu piel dorada,

tus externas y muchas perfecciones,

canto el jardín azul de tus pulmones

y tu tráquea elegante y anillada.

Canto a tu masa intestinal rosada,

al bazo, al páncreas y a los epiplones,

al doble filtro gris de tus riñones

y a tu matriz profunda y renovada.

Canto al tuétano dulce de tus huesos,

a la linfa que embebe tus tejidos,

al acre olor orgánico que exhalas.

Quiero gastar tus vísceras a besos,

vivir dentro de ti con mis sentidos...

Baldomero Fernández Moreno (1886-1950).




No me ausculta.
Prefiere que le mire.
Desde su página soy
una oportunidad
para saber que sabe.
El blanco en el que vive vibra
como una piel caliente.
En la sala de espera nadie espera.
Navegan los sonidos del pasado
rizándose en el aire y dejando sus hilos.
De mi umbral del dolor quiere que hable:
–Depende del entorno –le digo por decir.
Me hace creer que soy su reto,
que le importo y que de mí depende.
Tiene a mano el silencio, su textura de miga,
por si acaso.
Los minutos transcurren
como si fueran siglos y brotasen:
fuentes de agua o sol.
No me receta nada
o sí, que vuelva. ~

Luis Muñoz







Somos la flor y nata

de los artríticos,

somos la quintaesencia

de los nefríticos;

tenemos casi siempre

hipertensión

y una vaga hipertrofia

del corazón.

Nuestra elegancia es cosa

bien manifiesta,

nuestra presencia nunca

es muy molesta.

Somos unos Petronios

de alta tensión,

más fervientes del plato

que de Platón.

No pueden compararse

con los artríticos

los gafos ulcerosos

o sifilíticos.

Somos productos natos

de selección,

que vamos por la vida

con distinción.


Pío Baroja (1872-1955).


Explicando una tarde Anatomía

un sabio profesor
del corazón a sus alumnos daba
perfecta descripción.
Anonadado por sus propias penas,
la cátedra olvidó;
y a riesgo de que loco le creyeran,
con alterada voz:"Dicen, señores,
exclamaba pálido,que nadie consiguió
vivir sin esa víscera preciosa.
¡Error, extraño error!
Hay un ser de mi ser, una hija mía,
que ayer me abandonó;
¡las hijas que abandonan a sus padres
no tienen corazón!"
Un estudiante que del aula oscura
se oculta en un rincón,
mientras los otros, asombrados, oyen
tan público dolor,
sonriendo a un amigo y compañero
le dijo a media voz:
"¡piensa que a su hija
el corazón le falta...y es que le tengo yo”!

Eusebio Blasco (1844-1903).